EL CIELO
39
Los ricos y los pobres en el Cielo
357. Hay
varías opiniones sobre la admisión en el cielo. Algunos opinan que los
pobres son recibidos y no los ricos, algunos, que son recibidos y los
ricos y los pobres; algunos que los ricos no pueden ser admitidos a
menos de renunciar a sus riquezas y ser como los pobres. Unos y otros
confirman su opinión por el Verbo. Pero los que hacen distinción entre
los ricos y los pobres con respecto al cielo no entienden el Verbo. El
Verbo es en su seno espiritual pero en la letra es natural, por lo cual
aquellos que toman el Verbo meramente en el sentido literal y no en
alguna medida en sentido espiritual, yerran mucho, sobre todo en cuanto
a los ricos y los pobres, como en esto de que es tan difícil para los
ricos entrar en el cielo como para un camello pasar por el ojo de una
aguja, y que para los pobres es fácil porque son pobres, puesto que se
dice:
Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos
(Mateo 5: 3; Lucas 6: 20, 21).
Pero los
que tienen algún conocimiento del sentido espiritual del Verbo piensan
de diferente manera. Estos
saben que el cielo es para todos cuantos viven la vida de la fe y del
amor, ricos o pobres sin distinción, pero quienes se entienden por ricos
y por pobres en el Verbo se dirá en lo que sigue. Por mucha conversación
y trato con los ángeles, me ha sido dado saber que por cierto los ricos
entran en el cielo tan fácilmente como los pobres y que por abundar en
riquezas el hombre no es excluido del cielo, ni es recibido por ser
pobre. Allí hay ricos y pobres y muchos ricos están en mayor gloria y
felicidad que los pobres.
358. De
antemano puedo decir que el hombre puede adquirir riquezas y acumular
tesoros tanto como le sea concedido, con tal que no lo haga con astucia
y mal proceder; puede comer y beber exquisitamente, con tal que no ponga
en ello su vida; puede habitar con magnificencia según sus condiciones,
puede tener trato con otros como los demás, frecuentar lugares de
recreo, hablar de asuntos mundanos y no necesita andar devotamente con
cara triste y llorona y con cabeza inclinada, sino contento y alegre;
tampoco dar de sus bienes a los pobres más que en la medida en que la
inclinación le induce a ello; en una palabra, puede vivir en forma
exterior exactamente como el hombre del mundo, y estas cosas no se
oponen a que el hombre entre en el cielo, con tal que en su interior
piense en Dios como conviene, y con el prójimo obre sincera y
justamente. El hombre es tal como es su inclinación y pensamiento, o tal
como es su amor y fe; todas las obras exteriores sacan de ellos su vida,
porque obrar es querer y hablar es pensar, siendo así que se obra por la
voluntad y se habla por el pensamiento. Por lo cual cuando en el Verbo
se dice que el hombre será juzgado según los actos y recompensado según
las obras, se debe entender que lo será según sus pensamientos e
inclinaciones, los cuales determinan los actos y están en los actos,
porque los actos nunca se consuman sin ellos y tienen siempre idéntica
calidad que ellos. Por eso es evidente que lo exterior nada hace al
caso, sino lo interior, de lo cual viene lo exterior. Para ilustrar: el
que obra sinceramente y no engaña a otro, por la causa de temer las
leyes, temer perjudicar su reputación y en su consecuencia, perder honra
y fortuna, y que en caso de no refrenarle este temor, engañaría a otro
cuanto pudiera: su pensamiento y voluntad son engaño y no obstante sus
actos parecen en forma exterior sinceros; este, puesto que es
interiormente engañador y fraudulento, tiene en sí el infierno; por otra
parte, el que obra sinceramente y no engaña a otro, por la causa de que
el engaño es contra Dios y el prójimo, este, aunque pudiera engañar a
otro, no le engañaría: su pensamiento y voluntad son conciencia; este
tiene en sí el cielo. Los actos de ambos parecen iguales en forma
exterior, pero en forma interior son completamente distintos.
359.
Puesto que el hombre de la iglesia puede en forma exterior vivir como
otros, acumular riquezas, banquetear y habitar y vestir con esplendidez
conforme su condición y oficio, disfrutar de diversiones y amenos
entretenimientos, y ocuparse en asuntos mundanos por negocios o por el
recreo de su mente y cuerpo, con tal que interiormente reconozca lo
Divino y desea el bien del prójimo, es evidente que el andar por el
camino del cielo no es tan difícil como muchos creen, la sola dificultad
es poder resistir el amor a sí mismo y al mundo, impidiendo que
predominen, porque de ahí viene el mal. Que no es tan difícil como se
cree lo demuestran estas palabras del Señor:
Aprended
de me; porque yo soy manso y humilde de corazón y hallareis descanso
para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga (Mateo
11: 29, 30).
El yugo
del Señor es fácil y su carga es ligera porque cuanto el hombre resiste
los males que vienen del amor a sí mismo y al mundo, tanto es guiado por
el Señor y no por sí mismo, y luego el Señor los resiste en el hombre y
los aparta.
360. He
hablado con algunos después de su muerte, quienes mientras vivían en el
mundo renunciaban al mundo, dedicándose a una vida casi solitaria con el
objeto de encontrar ocasión para pías meditaciones, apartando el
pensamiento de las cosas mundanas, creyendo así andar por el camino del
cielo; pero estos tienen en la otra vida un genio triste; desprecian a
otros que no se parecen a ellos; se enojan por no tener por suerte más
felicidad que otros, creyendo haberlo merecido; no atienden a otros, y
se abstienen de los deberes del amor al prójimo mediante cuyos deberes
la conjunción con el cielo tiene lugar. Desean el cielo más que otros,
pero al ser elevados a donde están los ángeles causan ansiedades que
perturban la felicidad de los ángeles, por lo cual son descartados, y
los descartados se trasladan a sitios desiertos, donde conducen una vida
como la que conducían en el mundo. El hombre no puede ser formado para
el cielo sino mediante el mundo; allí se hallan los últimos efectos, en
los cuales debe terminar la inclinación de cada uno, y si esta no se
exterioriza, es decir, sino se última en el acto, lo cual sólo puede
mediante trato con otros, acaba por sofocarse hasta el punto de que el
hombre cesa de mirar al prójimo y no mira más que a sí mismo. Es, pues,
evidente que una vida de amor al prójimo, cuya vida es hacer justicia y
rectitud en todo acto y en todo oficio, conduce al cielo; que la
práctica del amor al prójimo, y el consiguiente incremento de aquella
vida, puede tener lugar cuanto el hombre mantiene tratos, y deja de
tener lugar cuanto se abstiene de ellos. De estas cosas hablaré ahora
por experiencia. Muchos de los que en el mundo se han dedicado a
negocios y comercio, llegando a enriquecerse por medio de ellos, están
en el cielo. En cambio no hay allí tantos de los que han adquirido
honores y riquezas mediante oficios, porque estos últimos son inducidos
a amar a sí mismos y al mundo a causa de los lucros y honores conferidos
a ellos a cambio de dispensaciones de justicia y veredictos favorables,
así como de distribuciones de oficios lucrativos y honoríficos, llegando
por ello a apartar del cielo sus pensamientos e inclinaciones, y
dirigirlas hacia sí mismos; porque cuanto el hombre ama a sí mismo y al
mundo y mira a sí mismo y al mundo en todas cosas, tanto se separa de lo
Divino y se aparta del cielo.
361. La
suerte de los ricos en el cielo es vivir en abundancia más que otros.
Algunos habitan en palacios que interiormente brillan como de oro y
plata; tienen abundancia de todas las cosas que sirven para los usos de
la vida; pero no ponen, en manera alguna, su corazón en ellas, sino en
los usos mismos; estos usos ven en clara luz; el oro y la plata, por el
contrario, en comparativa oscuridad y sombra; la causa es que en el
mundo amaron los usos, apreciando el oro y la plata sólo como medios
auxiliares; los usos mismos brillan de esta manera en el cielo; el bien
del uso brilla como oro y la verdad del uso como plata. Por lo tanto, su
opulencia, sus goces y sus felicidades allí son conformes los usos que
prestaban en el mundo. Los usos del bien consisten en proporcionarse a
sí mismo y a los suyos las necesidades de la vida, desear abundante
fortuna, por causa de la patria, también por causa del prójimo, al que
un rico puede hacer bien de muchas maneras mejor que un pobre, y porque
de esa manera evita inclinarse a una vida ociosa, la cual es perniciosa,
porque en ella el hombre piensa mal por el mal implantado en él. Estos
usos son buenos en la medida en que tienen en sí vida de lo Divino, es
decir, en la medida en que el hombre mira hacia lo Divino y al cielo,
poniendo en ellos su principal bien y en las riquezas solo un bien
auxiliar.
362. Una
suerte opuesta es la de los ricos que no. han creído en lo Divino,
rechazando en su alma las cosas del cielo y de la iglesia; estos están
en el infierno donde hay sordidez, miseria y pobreza; en tales cosas se
convierten las riquezas cuando se aman como objeto final; y no tan sólo
las riquezas sino también los usos mismos, es decir, que viven como
quieren, gratificando sus apetitos y pueden con más amplitud y libertad
practicar vicios o bien sobreponerse a otros a quienes desprecian.
Puesto que estas riquezas y estos usos nada tienen en sí de espiritual,
sino sólo de terrestre, se vuelven sórdidas, porque lo espiritual en las
riquezas y sus usos es como el alma en el cuerpo y como la luz del cielo
en la tierra húmeda, y se pudren como el cuerpo sin alma y como tierra
húmeda sin la luz del cielo. Estos son los que se han dejado seducir por
las riquezas, separándose del cielo a causa de ellas.
363. En
cada hombre permanece después de la muerte la inclinación o amor
predominante. Este no cesa de existir en toda eternidad, siendo así que
el espíritu del hombre es exactamente como su amor, y lo que es un
arcano, el cuerpo de cada ángel y de cada espíritu es forma exterior de
su amor y corresponde exactamente a la forma interior, que es la de su
alma y mente. Esta es la razón por la cual los espíritus se conocen por
el rostro, por su porte y por su habla, cuales y como son; y así se
conocería también el hombre mientras que vive en el mundo, con respecto
a su espíritu, si no hubiera aprendido a disimular con el rostro, su
comportamiento y su habla, y aparentar ser lo que no es. Es, pues,
evidente que el hombre permanece eternamente tal cual es su inclinación
o amor predominante. Me ha sido permitido hablar con hombres que vivían
hace mil setecientos años, cuya vida es conocida por referencias en
escritos de aquel tiempo, y he averiguado que todavía les guía su amor
tal cual era entonces. Claro es por la misma razón que el amor a las
riquezas y a las comodidades que traen consigo también continua en cada
uno eternamente tal cual era en el mundo, con la diferencia, sin
embargo, que las riquezas para los que las han aplicado a fines útiles
se convierten en goces conforme los usos, mientras que las riquezas para
los que las han aplicado a usos malos se convierten en sordidez, de la
cual se gozan entonces como en el mundo se gozaban de las riquezas que
les servían para malos usos. La razón por la cual entonces se goza de la
sordidez es porque los apetitos impuros y viciosos, que eran sus usos, y
también la avaricia, que es amor a las riquezas sin uso, corresponden a
la sordidez. La sordidez espiritual no es otra cosa.
364. Los
pobres no entran en el cielo a causa de su pobreza sino a causa de su
vida. a todos les siguen sus vidas, al rico como al pobre; no hay en
particular más misericordia para uno que para otro. Él que ha vivido
bien es recibido; él que ha vivido mal es rechazado. Por lo demás la
pobreza seduce y distrae del cielo tanto como la riqueza. Entre los
pobres hay muchos descontentos de su suerte, ambicionan tener mucho y
creen que las riquezas son bendiciones, por lo cual al no conseguirlas
sienten ira y piensan mal de la Providencia Divina. Asimismo envidian a
otros sus bienes. Engañan además a otros cuando se presenta ocasión y
viven también en inmundas voluptuosidades. Diferente es, sin embargo, el
caso con los pobres que están contentos con su suerte, aplicados y
diligentes en su trabajo, prefiriendo la actividad a la ociosidad; obran
sinceramente y fielmente y conducen una vida cristiana. He hablado
algunas veces con esta clase de espíritus que eran labradores y gente
del pueblo y creían en Dios mientras que vivían en el mundo, haciendo
justicia y rectitud en sus obras; estos hallándose con inclinación de
conocer la verdad preguntaron lo que es el amor al prójimo y lo que es
la fe, porque en el mundo habían oído muchas cosas acerca de la fe, y en
la otra vida muchas acerca del amor al prójimo; por lo cual les fue
dicho que el amor al prójimo es todo aquello que pertenece a la vida y
la fe todo aquello que pertenece a la doctrina; que por consiguiente el
amor al prójimo es querer y hacer lo justo y lo recto en todo acto, pero
la fe es pensar justamente y rectamente, y que la fe y el amor al
prójimo se unen como la doctrina y una vida conforme la misma, o sea
como el pensamiento y la voluntad, y que la fe se vuelve amor al
prójimo, cuando el hombre quiere y realiza en actos y obras lo que
piensa justamente y rectamente, y realizándose esto no son dos, sino una
sola cosa. Esto entendieron y se alegraron, diciendo que en el mundo no
habían entendido que creer fuere otra cosa que vivir.
365. Por
esto puede constar que van al cielo tanto ricos cuanto pobres y tan
fácilmente aquellos como estos. La razón por la cual se cree que los
pobres van al cielo con facilidad y los ricos con dificultad, es que el
Verbo no ha sido comprendido con respecto a los lugares en que habla de
los ricos y los pobres. Allí por "ricos" se entienden, en sentido
espiritual, los que abundan en conocimientos del bien y de la verdad, es
decir, los que se hallan en la iglesia donde está el Verbo, y por
"pobres" los que carecen de estos conocimientos, y sin embargo los
desean; por consiguiente, los que están fuera de la iglesia donde no
está el Verbo. Por el "rico" que se vestía de púrpura y de lienzo fino y
fue echado al infierno se entiende la raza judaica, la cual se llama
rica, porque tenía el Verbo y por ello abundancia de conocimientos del
bien y de la verdad. Por "vestidos de púrpura" se entiende asimismo los
conocimientos del bien, y por "lienzo fino" conocimientos de la verdad;
por otra parte, el pobre echado a la puerta del mismo, que deseaba
hartarse de las migas de pan que caían de la mesa del rico, y fue
llevado por los ángeles al cielo, representa a los gentiles que no
tienen conocimientos del bien y de la verdad, y sin embargo los desean
(Lucas 16:. 19-31). Por los "ricos" que fueron invitados a la gran cena
y se excusaron, se entiende igualmente la raza judaica, y por los
"pobres" que fueron admitidos en lugar de ellos, se entiende los
gentiles que estaban fuera de la iglesia (Lucas 16: 16-24). Diré también
lo que se entiende por el "rico" de quien dijo el Señor:
Más
fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que el que entre un
rico en el reino de Dios (Mateo 19: 21).
Por este
"rico" se entiende los ricos en ambos sentidos, tanto en sentido natural
cuanto espiritual; en sentido natural los que tienen abundantes riquezas
y ponen en ellas su corazón, y en sentido espiritual los que tienen
abundancia de conocimientos y saberes que son riquezas espirituales, y
que mediante ellos quieren por su propia inteligencia introducirse en
las cosas del cielo y de la iglesia, lo cual es contrario al orden
Divino y por esta razón se dice que es más fácil que pase un camello por
el ojo de una aguja, porque en ese sentido se entiende por "camello" lo
general de los conocimientos y de las ciencias, y por "ojo de aguja" la
verdad espiritual. Se ignora actualmente que "camello" y "ojo de aguja"
tienen esta significación, porque la ciencia que enseña lo que
significan en sentido espiritual las cosas que se dicen en el sentido
literal del Verbo, no ha sido divulgada todavía. El hecho es que en cada
detalle del Verbo hay un sentido espiritual y también un sentido
natural, porque el Verbo fue escrito exclusivamente mediante las
correspondencias entre las, cosas naturales y las cosas espirituales, a
fin de que (por medio del mismo) hubiese conjunción entre el cielo y la
tierra o sea entre los ángeles y los hombres, cuando cesó la conjunción
inmediata. Se ve pues claro lo que significa el "rico" en el citado
lugar especialmente. En varios lugares del Verbo se puede ver que allí
"ricos," en sentido espiritual, significan los que tienen conocimientos
del bien y de la verdad, y que "riquezas" significan los conocimientos
mismos, siendo estas riquezas espirituales (véase Isaías cap. 10: 12-14;
cap. 30: 6, 7; cap. 45: 3; Jeremías. cap. 17: 3; cap. 48: 7; cap. 50:
36, 37; cap. 51: 13; Daniel cap. 5: 2, 4; Ezequiel cap. 26: 7, 12; cap.
27: 1 al fin; Zacarías. cap. 9: 3, 4; Salmo 45: 13; Oseas cap. 12: 9;
Apocalipsis. cap. 3: 17, 18; Lucas cap. 14: 33, y en otros lugares. Que
"pobres" en sentido espiritual significan los que no tienen
conocimientos del bien y de la verdad, deseando, sin embargo, tenerlos,
se puede ver en: Mateo 9: 5; Lucas cap. 6: 20, 21; cap. 14: 21; Isaías
cap. 14: 30; cap. 29: 19; cap. 12: 17, 18; Sofonias cap. 3: 12, 13).
Todos estos pasajes se hallan explicados según el sentido espiritual en
"Arcana Coelestia" (n. 10227).
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